diumenge, 17 d’abril de 2011

La propuesta de la Liga Arabe contra la Aviación israelí - Bernardo Ptasevich

La propuesta de la Liga Arabe contra la Aviación israelí Autor: Bernardo Ptasevich

Con total desparpajo, la Liga Árabe ha solicitado al Consejo de Seguridad de la ONU que declare una zona de exclusión aérea en la Franja de Gaza para frenar así a la Aviación israelí en sus represalias injustas contra terroristas indefensos. Quieren proteger a los agresores y que la Aviación no pueda defender a los ciudadanos israelíes. Al parecer Israel sólo recibe decenas de cohetes y misiles inofensivos que usan los palestinos para festejar algún carnaval de Gaza. Es una desfachatez total a la que las Naciones Unidas invadidas por el islamismo darán como siempre amplia cobertura en largas sesiones donde la injusticia sobrevolará la sala como en casi todos los temas que tratan. De no ser por la posibilidad de veto que tienen algunos países, hasta podrían aprobar esta sugerencia.


Los ciudadanos israelíes, y deberían hacerlo también sus gobernantes, pedimos una zona de exclusión aérea para misiles, con grandes y severas sanciones a quienes la violen. Una decisión de ese tipo no puede afectar a quien se defiende sino que debe hacerlo con el agresor y no queda ninguna duda que los palestinos del Hamás son los agresores. Pero la ONU hace mucho tiempo que dejó de ser imparcial. Los poderosos países árabes han copado sus bancas y la usan como plataforma para sus intereses sin importar si estos son altamente perjudiciales para la seguridad de otras naciones. Sacar los pies del plato puede ser aun peor, pero es muy duro integrar una organización de este tipo en la que hace rato se perdieron los postulados que la crearon. Mientras los misiles vuelen hacia Israel, los aviones irán una y otra vez contra objetivos terroristas válidos, depósitos de armamentos, túneles para contrabando de armas, campos de entrenamiento y vehículos que transporten armamento o terroristas. Cabe recordar que en los últimos días Israel recibió la mayor cantidad de misiles desde la "Operación Plomo Fundido". La respuesta no podía ser otra y hasta pudo ser mucho mayor a no ser porque en forma permanente hay contención por parte de los factores políticos y también internacionales. El ministro Avigdor Lieberman no se cansa de sumar adeptos con sus declaraciones. Muestra su inteligencia y oportunismo aun a quienes no comulgamos con sus ideas cuando dice lo que todos quieren escuchar y otros políticos callan. No puede ser que Hamás diga cuándo habrá violencia y cuando calma. Ellos pegaron primero y muy fuerte llegando con sus misiles cada vez más lejos de su lanzamiento y más cerca de nuestras grandes ciudades. Cuando les toca recibir su merecido y justo premio, dicen: "No juego más; solicitamos un alto al fuego".


El jueguito de Hamás


Ni en un juego de niños se aceptaría esta propuesta quedándose con todo el daño sin haberse defendido o incluso haber devuelto los golpes. No olvidemos que aun tienen en su poder a Guilad Shalit y que no hay ninguna esperanza próxima de que lo devuelvan con vida. Es difícil saber entonces cuál es el justo precio que hay que cobrar por el daño que hacen cada vez y cuando la respuesta seria proporcional o desmedida.


Lo que está claro es que hay que terminar con la amenaza permanente y los caprichos de los terroristas. Con una respuesta medida y leve eso no va a lograrse. Los jefes de Hamás saben que hemos aceptado este jueguito de recibir y devolver, que lo hemos hecho una y otra vez. Por lo tanto no imaginan tener que cambiar su actitud, saben que pagarán un precio y están dispuestos ya que la vida de su gente no les interesa. Si Israel no logra convencerlos de que al atacarnos pueden perder absolutamente todo, tendremos misiles y atentados por muchísimos años. En esta posición no seremos acompañados por la comunidad internacional. Hay demasiados intereses en juego, todos entrelazados por los negocios que se hacen incluso entre supuestos enemigos. Unos tienen que pagar y otros tienen que cobrar, unos tienen que vender y otros tienen que comprar, de forma tal que se puede tensar la cuerda pero nadie quiere romperla. Incluso nuestro aliado Estados Unidos tiene este tipo de compromisos. Ante la aparición de revueltas contra gobiernos de dictadores que han sido sus socios, clientes o proveedores, el presidente Barack Obama no sabe qué hacer. En Libia y bajo los mismos conceptos expuestos referente a los compromisos entre gobiernos y gobernantes, la OTAN no se decide a terminar con el dictador Kadafi. Como el camaleón da dos pasos hacia adelante y cuando parece tener todo solucionado, dan un paso para atrás. Las propias declaraciones de sus jefes van en sentido de no derrocar al líder sino de acorralarlo y amortizar los resultados de sus ataques a las ciudades que dominan los rebeldes y a los civiles que viven en ellas. Es un juego perverso, porque no se puede amortizar la cantidad de vidas humanas, no se trata de devoluciones de capital e interés, no es una operación bancaria. Puede ser que en lugar de 300 mueran 150 o en lugar de 1.000, mueran 500.¿Cuál es la sensación de haber salvado 500 vidas habiendo permitido que mueran otras 500 personas pudiendo haberlo evitado? En ese ir y venir, hacer pero no hacer, atacar pero retroceder; en esas decisiones, van cientos o miles de vidas humanas. Quien decide qué hacer al respecto tiene que tenerlo en cuenta y los líderes políticos que enviaron a la OTAN a cumplir con una misión también deben hacerlo.


De lo contrario no sólo serán responsables por las vidas salvadas sino también por las vidas injustamente perdidas por intereses políticos o presiones injustificadas de sus miembros. Es muy difícil ser justos. La justicia de unos será injusticia para los contrarios, pero cuando se trata de la vida que hay que preservar sólo hay una justicia y una dirección en las decisiones.Livni espera con pacienciaLos conflictos y levantamientos que vive la zona están lejos de terminar. El Gobierno sirio hace caso omiso a la situación y cree que podrá salir airoso en su prepotencia. Esta semana han matado otra vez decenas de manifestantes opositores y no asoma siquiera una leve brisa de cambios.


Israel sigue indeciso. Es cierto que esta vez se actuó en forma inmediata contra el ataque al ómnibus y la caída de misiles, pero se escucha desde el Gobierno la posibilidad de aceptar la imposición de un alto al fuego. Hamás sigue armándose y entrenando a sus asesinos, tira cuando quiere y pretende parar de la misma forma. Su intención es aterrorizar a la población israelí pero difícilmente lo logren.


Hemos visto a los líderes de la oposición cantando y bailando en el kibutz Beeri junto a la gente mostrando que si bien sufren el peligro de los ataques no temen a los terroristas y están dispuestos a enfrentarlos unidos con la moral bien alta.


Tzipi Livni, los legisladores y los ciudadanos israelíes nos enviaron a su manera un mensaje de optimismo y de fe. La ganadora de las últimas elecciones espera paciente su momento de gobernar y lo hace manteniendo su imagen de honestidad y su don de gente. Su fortaleza nace de sus propios principios. Sólo el ministro de Relaciones Exteriores compite con ella en la suma de voluntades y lo hace gracias a los continuos errores del Gobierno que el mismo integra sin comprometer con ello el contenido de los mensajes que dicta según su conveniencia política. Las elecciones parecen lejanas, pero somos un pueblo muy paciente que se expresa democráticamente y en las urnas.

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