dilluns, 30 de maig de 2011

Oriente Medio se tambalea sobre un piso resbaladizo - Bernardo Ptasevich

Oriente Medio se tambalea sobre un piso resbaladizo
Autor: Bernardo Ptasevich



Hay revueltas por todas partes pero la verdad es que no sabemos quién está detrás de cada uno de los movimientos que han logrado despertar a Medio Oriente de su letargo. Sin embargo, los ciudadanos que manifiestan su oposición a los gobiernos dictatoriales funcionan sin una clara dirección ni una cara visible. La espontaneidad puede haber sido el disparador de las protestas pero no es de ninguna forma lo que regulará la continuidad de los hechos. En todos los casos hay un grupo de poder agazapado y escondido detrás del telón que maneja los hilos. Por ahora no les conviene mostrarse abiertamente debido a la incertidumbre sobre los resultados de las protestas. Cuando crean que tienen asegurada la victoria, querrán hacerla suya y aprovechar los beneficios de su participación. Se percibe en algunos casos la sombra de los Hermanos Musulmanes tratando de mostrarse moderados en busca de una representación política que no han tenido debido a la mano de hierro de Gobiernos como el de Hosni Mubarak en Egipto.
En otros casos como el de Libia se sospecha que la mano invisible de Al Qaeda puede estar detrás de los acontecimientos. Son sólo algunos ejemplos de que las manifestaciones y protestas no funcionan con piloto automático.
Las manifestaciones cuestan dinero
Esos movimientos masivos de manifestantes cuestan mucho dinero, las pancartas y banderas no se venden en la feria sino que son proporcionadas por alguien, las armas caseras o profesionales tampoco crecen en la tierra como un cultivo sino que son costosas y están en poder de quienes tienen interés de poder futuro a cualquier precio.
Esto no quita la justificación que tienen los que buscan liberarse de los tiranos que los oprimen pero prende una luz de alarma para juzgar lo que va pasando día a día. Sabemos a qué se enfrentan pero no sabemos quienes lo hacen.
Por ello se hace difícil tomar posición en forma segura y convincente. El mundo árabe vive un momento de cambios pero fundamentalmente de incertidumbre. De lo que no hay dudas es de que está todo revuelto. También las relaciones con los Estados Unidos. A juzgar por el discurso del presidente Barack Obama, las relaciones entre los Estados Unidos e Israel también están revueltas. Si bien los últimos tiempos no se han caracterizado por una coincidencia total ni mucho menos, las palabras del líder americano y la respuesta inmediata del Gobierno israelí han llevado la situación a límites insospechados.
Pero como la única verdad es la realidad, ambos reflexionaron en forma rápida y moderaron sus posiciones o la forma de expresarlas. El presidente Obama, ante la comunidad judía de su país, entró en detalles sobre su primera declaración suavizando algunos conceptos y dándole su propia interpretación, que altera en parte sus afirmaciones anteriores.
Luego abordó otros temas de gran sensibilidad para los judíos del mundo en los cuales confirmó el apoyo sobre seguridad y anticipó el veto que ejercerán en las Naciones Unidas gracias al cual la creación de un Estado palestino no será realidad por el momento sin negociaciones directas con Israel.
Por su parte, Netaniahu, que había reaccionado con enojo y cierta falta de diplomacia, viajó a los Estados Unidos donde aclaró por primera vez y ante la mirada atenta de Obama cuáles son las líneas que su gobierno no está dispuesto a cruzar en cualquier negociación futura. Con tono casi paternal, muy criticado por algunos sectores de la propia comunidad israelí, no se cansó de agradecer el recibimiento a su persona y a la delegación que lo acompañó, mientras le decía una por una todas las posturas que hasta ahora no había definido o por lo menos no lo había hecho en forma pública.
El presidente Obama escuchaba el casi sermón con una mano apoyada en el mentón y tratando de que su asombro no fuera demasiado visible. Ha quedado atrapado entre sus declaraciones, la reacción de Netaniahu, la posibilidad de perder el voto judío y el apoyo de su comunidad, las declaraciones de Abás y del Hamás absolutamente contrariados así como la de los políticos israelíes en toda su gama de colores.
Sus discursos a la medida de cada audiencia lo dejan en evidencia con demasiada facilidad. Con los medios informando, grabando o filmando cada detalle de los acontecimientos y llegando casi al instante al gran público, ya no es posible dar mensajes opuestos según quien sea el destinatario de turno.
El golpe de efecto que significó la eliminación de Bin Laden puede disiparse en el tiempo que falta para las elecciones. Obama busca nuevos logros pero en ese afán está cometiendo demasiadas equivocaciones. En Israel, luego de un largo periodo de desidia en la que las negociaciones de paz no eran un tema central se vuelve a debatir con fuerza desde el espectro político hasta en las charlas de la calle y foros de internet.
Israel siempre da explicaciones
En su gran mayoría los israelíes quieren la paz. También la mayoría no cree que ésta sea posible. Hay unanimidad sobre las características terroristas de Hamás y que no se puede hacer ningún acuerdo con ellos. Casi nadie quiere volver a las fronteras del '67 ya que sería el primer paso para que los palestinos intenten que no haya siquiera fronteras, ni país judío, ni siquiera un país.
Israel tuvo siempre que dar las explicaciones a pesar de que el territorio en disputa que hoy ocupa es el resultado de los ataques árabes que intentaron acabar con los judíos y tirarlos al mar. Incluso cuando esos deseos siguen vigentes en el enemigo, el primer paso para iniciar negociaciones de paz debería ser una disculpa por haber querido hacernos desaparecer de la faz de la tierra.
No puede haber conversaciones y no se llegará a ninguna paz si los palestinos no reconocen que han perdido la guerra que iniciaron los árabes.
Es fácil atacar para aniquilar pero al no poder hacerlo convertirse en víctimas y solicitar lo que han perdido en su ambición destructiva. Han pasado muchos años, el terreno desértico se convirtió en ciudades, la indigencia y la pobreza se convirtieron en productividad y bienestar, el analfabetismo se convirtió en escuelas y la vida floreció en esos lugares.
No ha florecido vida palestina sino vida israelí, vida judía, llena de historia, llena de hazañas que no terminan en la batalla sino que siguen en la lucha diaria por sobrevivir y ser mejores, llena de sacrificios y de largas jornadas de trabajo. Por eso no hay posibilidad de volver atrás la historia.
Israel podrá dar concesiones en busca de un acuerdo de paz, incluso concesiones territoriales, pero no puede entregar 44 años de sacrificio de tanta gente que no pensó en matar, que creó vida y esperanzas. En todo caso si las áridas tierras estuvieran igual de abandonadas, si no hubiese personas y familias en ellas, un gobernante se podría atribuir la facultad de negociar su entrega sin temor a sentir gran remordimiento. Israel se ha defendido y lo hará en el futuro contra cualquier ataque. Por una vez coincido con las afirmaciones de Netaniahu de que no haremos la paz a cualquier precio.
Hay límites. Los nuestros son la defensa de la vida, de nuestra gente y nuestra tierra.

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