dissabte, 31 de desembre de 2011

El ejemplo de Tania - José Danor

El ejemplo de Tania

Autor: José Danor

Sin quererlo, la joven Tania Rosenblitt se convirtió el viernes último en una estrella de los medios de comunicación.

Su fama se debe a que ese día, como suele hacer cada tanto, ascendió a un autobús de la línea 451 que une a Ashdod, donde reside, con Jerusalén. Relató la joven que subió en una de las primeras estaciones y se sentó detrás del conductor. En las paradas siguientes subieron otros pasajeros, en su mayoría judíos ortodoxos. Al comienzo, uno de los compañeros de viaje se dirigió a ella solicitándole que se vaya al fondo del coche.

Luego vinieron amenazas y gritos para ``convencerla”. ``Esta línea es nuestra.”

``Aquí las mujeres se sientan donde les decimos”, gritaron. Como los intentos no dieron el resultado a que estos fanáticos están acostumbrados, lo que vino después es digno de una comedia de enredos, aunque más violenta. Uno de los pasajeros se colocó en la puerta impidiendo que el conductor pueda cerrarla y eso lo obligó a llamar a la Policía. En lugar de llevarse detenidos a los revoltosos, como lo harían las autoridades del orden en cualquier país normal, los agentes también la quisieron convencer de que, en bien de la concordia y la rápida reanudación del viaje, sería mejor que se sentara atrás.

Esto tampoco la convenció y finalmente, los agentes dieron al conductor la orden de continuar el viaje, después que aclararon a los fanáticos (no encuentro otro término para calificarlo) que estaban trasgrediendo la ley.

Estos episodios se hicieron tan normales que, normalmente, las mujeres prefieren no enfrentar a los personajes violentos. Es fácilmente comprensible. Después de todo, ¿qué persona normal quiere recibir insultos en el mejor de los casos y golpes en los otros, solamente por sentarse en un sitio ``inapropiado” para el sexo al que pertenecen?

La acción de Tania mereció no solamente la atención de la prensa. Los ministros de Transporte y de Cultura la llamaron para felicitarla por su firmeza. El primer ministro la recordó al abrir la sesión del gabinete ministerial. Los ministros del partido religioso ortodoxo Shas debieron responder a entrevistas en las que les preguntaron una y otra vez qué hacen ellos cuando están en una misma sala con mujeres o cuando, en un acto oficial, entre los que actúan o cantan hay mujeres.

Este episodio llegó después de un período de efervescencia por los constantes ataques que sufren mujeres, particularmente religiosas pero no solo ellas. Se conoció el caso de una a la que no le permitieron pronunciar unas palabras de despedida en el funeral de su padre. Entre los hechos insólitos está el de hacerles caminar por una vereda especial separada por una cortina, como se vio tiempo atrás en Mea Shearim. Sin duda, en esta y otras ideas originales dejaron atrás por lejos a los ayatollas de Irán.

Como las cosas subieron de tono y tanto desde el Gobierno como de filas de partidos políticos y organizaciones de defensa de derechos humanos salieron voces protestando por estos absurdos, seguramente habrá ahora un período de relativa calma en este frente que amenaza, ni más ni menos, a las bases democráticas que los precursores del Estado colocaron a la cabeza de sus ideales, como la igualdad entre hombres y mujeres.

Los políticos y personalidades ortodoxas que hablaron en días recientes, se refirieron a la necesidad que el público en general sea tolerante. Olvidaron que la caridad bien entendida empieza por casa. Y si tanto hablan de tolerancia, ¿por qué no la piden también a los integrantes de sus comunidades? Llegó más lejos un conocido periodista religioso. Explicó que para él es lo mismo. Si las mujeres quieren, pueden sentarse en la parte delantera del autobús. Los hombres se sentarán en la trasera y asunto arreglado. ¡Qué disparate!

El ministro de Transporte ordenó una investigación para comprobar si el conductor del autobús actuó conforme a la ley y exigió que también la compañía Egged lo haga. Mientras haya líderes religiosos y políticos que no ven en esta clase de conducta una trasgresión a las normas, el problema seguirá existiendo.

Entre las voces moderadas estuvo la del rabino jefe, Yona Metzger. Declaró: ``No tenemos la autoridad de imponer nuestra doctrina a otros. Este no es un país del público ortodoxo, Si queremos que exista una separación legítima, lo que podemos hacer es fundar una compañía de autobuses.”

Continuó: ``Es un sitio público. No podemos ser los dueños de todo el mundo. Mientras nosotros y los ciudadanos laicos pagamos el mismo precio para viajar en una compañía pública que no lleva solamente a ortodoxos, ¿qué podemos hacer?”

En medio de las ridiculeces que la inmensa mayoría de la población debe soportar en bien de la convivencia, no alcanza solamente con lo que describimos hasta aquí. Se supo que el ministro de Infraestructuras, Uzi Landau, laico, por cierto, estaba a punto de presentar un proyecto de ley instituyendo lo que se dio en llamar ``electricidad kasher”. No es que alguien vaya a introducir la mano en el enchufe y se contamine en lugar de electrocutarse. El asunto es más serio. Miles de familias religiosas prefieren, durante los días sábado y fiestas religiosas, desconectar sus casas de la red eléctrica nacional; emplean la energía proveniente de generadores ``piratas” debido a que la Compañía de Electricidad emplea judíos que, según la ley religiosa, tienen prohibido trabajar esos días.

Lo más insólito es que la propuesta colocaba la generación de electricidad bajo la supervisión del Rabinato, que debería extender un certificado de que, a los efectos de generar electricidad en los días de descanso, la Compañía no emplea a judíos. No sabemos si a alguien se le ocurrió averiguar cómo hacen judíos ortodoxos que residen en Nueva York o París si se enteran que algún judío trabaja en la usina de electricidad los días sábado y cómo reaccionan allí las autoridades si encuentran que alguien desconecta su casa de la red y prende un generador en el patio para abastecerse.

Evitar la violación del status quo

El episodio en el que estuvo envuelto Rosenblitt y el hecho que la iniciativa se filtró a la prensa, llevó a Landau a dejarla en suspenso. Afirmó que podría contener elementos que violan el status quo existente entre la mayoría laica y los religiosos. La intención según el jerarca es impedir que la vida de miles de personas siga corriendo peligro por el hecho que se conectan a fuentes de electricidad ilegales. Sobre la posibilidad de presentar contra ellos una demanda judicial por cometer delitos, no hubo ninguna referencia. Al mismo tiempo, estoy seguro que si un vecino en Beer Sheva o en Naharía, que no es ortodoxo sino que quiere ahorrar el pago a la Compañía de Electricidad, hace algo similar, vendrán los inspectores de la propia Compañía y de la municipalidad a intimarlo si es que, para empezar, no le imponen una fuerte multa.

Es cierto, los ciudadanos israelíes nos acostumbramos a vivir en medio de un torbellino. Conflictos con los vecinos, bombardeos casi constantes, manifestaciones en protesta por los aumentos, son solo algunos de los componentes de esta ruidosa receta. Los excesos que comete una minoría, que- dicho sea de paso- casi no paga impuestos mientras que vive del dinero del Estado, en general pasan desapercibidos y solamente salen a luz cuando están acompañados por la tradicional violencia que suelen emplear, como cuando manifestaron por la apertura de un parque de estacionamiento en Jerusalén durante los sábados.

Hasta que aparezca la próxima víctima de estos directos descendientes del hombre de las cavernas, Tania seguirá siendo la heroína de la película en la que vivimos.

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