dissabte, 7 de gener de 2012

Los años pasan pero el odio no desaparece - El caso Dreyfus desencadenó una ola de antisemitismo

Los años pasan pero el odio no desaparece
El caso Dreyfus desencadenó una ola de antisemitismo


En 1894, el Capitán Alfred Dreyfus del ejército francés, de origen judío, es acusado de espionaje por un tribunal militar francés, sentenciado a prisión perpetua y enviado a la Isla del Diablo en la Guyana Francesa. La única evidencia en su contra es un trozo de papel manuscrito dirigido al mayor Max von Schwartzkoppen agregado militar alemán en París encontrado en un bote de basura y cuya caligrafía apenas se asemeja a la de Dreyfus. Durante el juicio público, la muchedumbre, incitada por la prensa antisemita, hostiga a Dreyfus con gritos e insultos.


Descubren al verdadero autor


El Caso Dreyfus dividió a la sociedad francesa. Por un lado el gobierno derechista, el ejército nacionalista, la Iglesia Católica y los partidos conservadores, que unieron fuerzas en el bando anti-Dreyfus (con grandes características antisemitas), por el otro las fuerzas progresistas republicanos, socialista y anticlericales liderados por Emile Zolá y Jean Jaurès entre otros, que hicieron suyas la lucha por los derechos humanos en la República.


El 5 de enero de 1895, hace exactamente 117 años, se dio a conocer la acusación de las autoridades francesas en el caso Dreyfus


En 1896 se descubre la evidencia que implica a Ferdinand Walsin Esterhazy como el autor del espionaje. A pesar de un intento militar por suprimir la evidencia, Esterhazy es juzgado en 1898, aunque el tribunal militar lo absuelve en un juicio que dura apenas unos minutos.


Émile Zola escribe entonces una carta abierta, “J'accuse”, acusando a los jueces de complicidad. Zola es sentenciado a la cárcel por injurias, pero logra escapar a Inglaterra. Ese mismo año se hace público que gran parte de la evidencia en contra de Dreyfus fue falsificada por el Coronel Henry.


Luego del suicidio de éste último, y la fuga de Esterhazy a Inglaterra, la condena a Dreyfus se hace insostenible. El caso se reabre en 1899, pero la soberbia de la corte militar le impide aceptar la realidad, y vuelve a encontrar a Dreyfus culpable, sentenciándolo esta vez a diez años de prisión.


Sin embargo la situación política francesa ha cambiado, y el Presidente Emile Loubet se ve obligado a otorgarle el perdón. En 1906 la Corte de Apelaciones exonera a Dreyfus, y en 1930 su inocencia queda definitivamente afirmada con la publicación de los documentos de Schwartzkoppen.


Fragmento de “J'accuse”


“Se ha preguntado con estupor cuales eran los protectores del comandante Esterhazy. Desde luego, en la sombra, el teniente coronel Paty de Clam, que ha imaginado y conducido todas las maquinaciones, descubriendo su presencia en los procedimientos descabellados. Después los generales Boisdeffre, Gonse y Boillot, obligados a defender al comandante, puesto que no pueden consentir que se pruebe la inocencia de Dreyfus, cuando este acto habría de lanzar contra las oficinas de la Guerra el desprecio del público.


Y el resultado de esta situación prodigiosa es que un hombre intachable, Picquart, el único entre todos que ha cumplido con su deber, será la víctima escarnecida y castigada. ¡Oh justicia! ¡Qué triste desconsuelo embarga el corazón! Picquart es la víctima, se lo acusa de falsario y se dice que fabricó la carta telegrama para perder a Esterhazy. Pero, ¡Dios mío!, ¿por qué motivo? ¿Con qué objeto? Que indiquen una causa, una sola. ¿Estar pagado por los judíos?


Precisamente Picquart es un apasionado antisemita. Verdaderamente asistimos a un espectáculo infame; para proclamar la inocencia de los hombres cubiertos de vicios, deudas y crímenes, acusan un hombre de vida ejemplar. Cuando un pueblo desciende a esas infamias, esta próximo a corromperse y aniquilarse. A esto se reduce, señor Presidente de la República, el asunto Esterhazy, un culpable a quien se trata de salvar haciéndole parecer inocente, hace dos meses que no perdemos de vista esa interesante labor. Y abrevio porque solo quise hacer el resumen, a grandes rasgos, de la historia cuyas ardientes páginas un día serán escritas con toda extensión. Hemos visto al general Pellieux, primero, y al comandante Ravary, mas tarde, hacer una información infame, de la cual han de salir transfigurados los bribones y perdidas las gentes honradas. Después se ha convocado al Consejo de guerra. ¿Como se pudo suponer que un Consejo de guerra deshiciese lo que había hecho un Consejo de guerra?


Aparte la fácil elección de los jueces, la elevada idea de disciplina que llevan esos militares en el espíritu, bastaría para debilitar su rectitud. Quien dice disciplina dice obediencia. Cuando el ministro de la guerra, jefe supremo, ha declarado públicamente y entre las aclamaciones de la representación nacional, la inviolabilidad absoluta de la cosa juzgada, ¿queréis que un Consejo de guerra se determine a desmentirlo formalmente? Jerárquicamente no es posible tal cosa. El general Billot, con sus declaraciones, ha sugestionado a los jueces que han juzgado como entrarían en fuego a una orden sencilla de su jefe: sin titubear. La opinión preconcebida que llevaron al tribunal fue sin duda esta: “Dreyfus ha sido condenado por crimen de traición ante un Consejo de guerra; luego es culpable y nosotros, formando un Consejo de guerra, no podemos declararlo inocente. Y como suponer culpable a Esterhazy, sería proclamar la inocencia de Dreyfus, Esterhazy debe ser inocente”.

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